Hacienda Corinto, Zaragoza, El Salvador
En el municipio de Zaragoza se levanta la comunidad de Hacienda Corinto. En El Salvador hablar de hacienda es sinónimo de terrateniente. Bastas propiedades de tierras que históricamente han estado en muy pocas manos, por lo que las poblaciones se han visto en ocasiones relegadas en pequeñas parcelas de tierra. Ahora, en esta hacienda habitan comunidades como la de Corinto, extremadamente humilde y precaria. Para un occidental es lo más parecido a un campamento de chavolas en pleno monte. Un lugar de muy difícil acceso, donde la gente se gana la vida con un poquito de ganado, agricultura y extrayendo piedras de una pequeña cantera a la entrada de la comunidad.
Aquí, el agua de consumo resulta de mala calidad. Ya no hablemos del agua que emplean para limpiar o regar. Hablamos de unas pequeñas pilas donde acumulan un agua turbia y en muchos casos llena de larvas, larvas de zancudos y chinches picudas. Esta falta de higiene genera enfermedades entre la población, sobre todo entre las mujeres y los menores.
Después, con el tiempo, estas larvas pueden convertirse en un segundo riesgo para la comunidad. Surgen zancudos y chinches que provocan entre la población más dengue y más mal de Chagas. Para evitar la propagación de estos parásitos y vectores, las promotoras y promotores de salud hacen campañas de abatización y fumigación que evitan complicaciones y problemas de salud mayores. Es el caso de Yenni Ferman de Paz, promotora en Corinto y que dedica entre 2 ó 3 horas diarias en ir casa por casa para vigilar la higiene de las viviendas y el almacenaje del agua.
“Voy de familia en familia con mi rotafolio en salud para concienciar a la población sobre buenos hábitos y actitudes que mejoren la salud de de toda la comunidad”, comenta la promotora, quien señala con orgullo que gracias al trabajo de ellas/os han reducido la incidencia de Dengue en su comunidad en un momento en el que se ha convertido en una epidemia nacional.
Pero en Corinto la salud también se ha visto condicionada por fenómenos como la gran brecha salarial en la zona y las secuelas de la guerra civil salvadoreña. Dos décadas de guerra civil, con las que las familias todavía tienen que vivir en ausencia de familiares y conocidos que cayeron en conflicto.
Unos lastres que han provocado más desestructuración en las familias y una herencia de violencia entre hermanos/as que todavía hace mella en todos los rincones de un país que anhela abandonar ésta espiral irracional de sufrimiento que no les lleva a ninguna parte.
miércoles 4 de agosto de 2010
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